Estoy sentado en la consulta de mi psiquiatra al día siguiente, tengo
resaca de coca y sangro al estornudar. Mi psiquiatra lleva un jersey de
pico sin nada debajo y unos vaqueros con las perneras cortadas. Me
pongo a llorar con ganas. Me mira y se toca la cadena de oro que lleva al
cuello. Dejo de llorar al cabo de un rato y me mira un poco más y luego
escribe algo en un block. Me pregunta algo. Le digo que no sé lo que va
mal; que a lo mejor se trata de algo que tiene que ver con mis padres,
pero no creo, o quizá con mis amigos o simplemente que a veces me encuentro
perdido; también puede tratarse de las drogas.
—Por lo menos eres consciente de esas cosas. Pero yo no hablaba de
eso. En realidad no te preguntaba nada de eso.
Se levanta y pasea por la habitación y endereza una cubierta enmarcada
de un Rolling Stone con una foto de Elvis Costello y las palabras
«Elvis Costello se arrepiente» en grandes letras blancas. Espero que responda
a mi pregunta.
—¿Te gusta? ¿Lo viste en el Amphitheater? ¿Sí? Creo que ahora está
en Europa. Por lo menos eso oí en la cadena de vídeos musicales. ¿Te
gusta el último álbum?
—¿Y qué pasa conmigo?
—¿Qué pasa contigo?
—¿Qué pasa conmigo?
—Ya te encontrarás mejor.
—No lo creo —digo yo.
—Hablemos de otra cosa.
—Pero, ¿qué va a ser de mí? —grito, ahogándome.
—Venga ya, Clay —dice el psiquiatra—. No seas tan… mundano.
From Menos que cero by Bret Easton Ellis